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La sublime responsabilidad de hacer películas

Guarenas (12/07/18). El presidente de la Villa del Cine es un hombre pausado, generoso y un gerente que le ha aportado claridad a una política trazada desde lo estratégico. Consolidar el cine es reforzarnos como pueblo, parece decirnos, cuando englobamos su discurso en un texto. Sumando un equipo artístico, técnico y administrativo, comprometido cada vez más con el hecho cinematográfico entendido como bien cultural necesario para arraigar nuestros rasgos culturales -en el marco de un contexto histórico tan clave como peligroso-, Jorge Antonio Gómez conversó con Venezuela Estrena de tópicos tan diversos como la historia, las actuales alternativas de difusión y la necesidad imperiosa de estrechar vínculos con factores diversos del cine nacional, para afrontar una problemática común.

“Nuestro cine de este momento, con el contexto político-social-económico (que vivimos), va a pasar a la historia (como) un cine digno de estudiar, para analizar, (…) con la creatividad a flor de piel. El gobierno revolucionario es el protector del aparato productivo, y aporta la estructura: la Villa, la Cinemateca, Amazonia, para no dejar morir el cine, a pesar de las circunstancias, entendiendo que este arte es costoso; (que) se inscribe dentro de modelos industriales monstruosos… Estas películas (actuales) tienen un gran mérito, porque están inscritas dentro del período histórico que nos ha tocado vivir. Pienso que esta es una oportunidad para reinventarnos y sacar adelante nuestro cine en medio de las dificultades económicas, sumando el planteamiento de todos nuestros cineastas. Hay experiencias de otros países bajo estas (mismas) circunstancias (…) donde se han parido películas maravillosas; por ejemplo, (…) en el período especial… que obligó al pueblo cubano a defenderse, (…) y de otros países de  Latinoamérica…

Este año tenemos 3 películas distintas, como distintos son sus directores y las mentes creativas; y al mismo tiempo se amplía la oferta de la Villa del Cine en la gran pantalla. De Luis Alberto Lamata, un gran cineasta, profesional , ético y de una creatividad maravillosa, tenemos su última película, Parque Central, donde construye 4 historias que suceden y se entrelazan en esa selva de concreto. Es una película interesante -que va a sacudir, con una propuesta distinta a lo que Lamata venía presentando- (la) que estaremos viendo en septiembre. Luego tenemos a Ignacio Márquez, quien fuera autor de su primera obra en la Villa del Cine,  Ley de fuga. Él tiene mucha capacidad como escritor, y ahora viene con su segunda obra: una película tierna,  interesante, porque está vista desde los niños y para los niños. (Allí) vamos a ver el talento del movimiento César Rengifo, con  el debut de una niña, y de una gran amiga, actriz, que resultó un monstruo; se come la pantalla, maravillosa. Le auguro un gran éxito (en su) carrera cinematográfica. Es una película bonita, familiar, divertida. Los niños que Márquez preparó no eran actores, sino jugadores de béisbol… y ahora son, además, actrices y actores… Cerramos nuestra propuesta con Luis y Andrés (Rodríguez), estos jóvenes hermanos que se revelan como cineastas brillantes en nuestro país trayéndonos cada vez propuestas más arriesgadas, con un dejo de ese cine moderno, de autor, de lenguaje. Hijos de la sal, su pieza anterior, fue una película arriesgada, distinta, con una historia compleja y una manera de ser contada que tiene sus complejidades; se pudiera decir por ejemplo, (que es) magistral el sonido; siendo parte… digamos, de lo orgánico, del agua y el viento. Inclusive la ausencia del sonido, en un espacio árido, (resalta). Una película, al mejor estilo de Cannes, donde están un Luis y un Andrés maduros, más arraigados en su manera de hacer y contar el cine. En esa película vemos unos cineastas ya plantados, formados, con una estética definida. Un destello interior, (en este caso), es una película conmovedora, aleccionadora, que tiene una mirada femenina, desde una mujer sin esperanza, (pero) que al mismo tiempo la recupera y se enfrenta a ese momento de vida. La rodamos en varias locaciones, un urbanismo popular de Caracas, Los Aguacaticos, (en) la carretera vieja Caracas-La Guaira… en El Hatillo y en Guarenas.

La Villa (también) ha saldado muchas deudas, materializando ese cine histórico que es tan necesario para vernos, para conocer esos héroes, esos nombres. Y como dicen por ahí los que nos quieren “echar broma”, eso “es culpa ‘e Chávez”, y de Maduro. Ellos son los grandes responsables de que esta infraestructura para hacer cine histórico esté ahí, de que todas estas películas históricas estén allí. Y a propósito de ellos, hay que agradecer (también) que estén a disposición, con coproducciones, las iniciativas privadas de cineastas como Caupolicán Ovalles, que recientemente estrenó Muerte en Berruecos, con nosotros como coproductores. (…) Que estos cineastas tengan el interés de hacer nuestro cine histórico es maravilloso. Recordamos que, con Juan Carlos Wessolossky, hicimos Luisa, una película histórica sobre esta heroína, para que se pudiera conocer a esta mujer que fue vetada. Una película histórica que ojalá se pudiera ver en todos nuestros liceos… Y ahorita mismo empezamos a trabajar de la mano de Luis Alberto Lamata, en la difícil tarea de llevar a guión y luego a pantalla, ese proyecto apasionante: Guaicaipuro. Lamata, que es historiador y cineasta, está entregado. La película de Guaicaipuro va a permitir vernos a nosotros (mismos); y estamos emocionados de poder rodarla pronto.

A partir de nuestro décimo segundo aniversario, el trabajador y trabajadora de la Villa del Cine se reconocen como autores de esas películas. (Antes) había una separación del aspecto administrativo con el artístico-creativo, pero no (debe ser): todos y cada uno de los que están ahí en los créditos, tienen que ver con las películas. Hubo una experiencia maravillosa, esparciéndonos, celebrando en una gran cantidad de espacios. Después de eso, tuvimos la liberación momentánea de las películas de la Villa del Cine para que se pudieran ver en la televisión: en Tevés, Televén… Algo maravilloso; es delicioso ver las películas en la gran pantalla, pero toda película tiene ese recorrido, para (finalmente) estar en la pantalla chica, que es el medio (más) accesible. Fue una gran fiesta: disfrutamos de deportes, de un sancocho -ya una parte fundamental, con todos los trabajadores y trabajadoras echando leña al fogón, pelando verduras-… Todo el mundo compartió en un encuentro, una comunión, nos desprendimos de los cargos, de los rangos, (para ser sólo) compañeros, hermanos, hermanas… Vivimos la experiencia de celebrar la vida, la Villa y el amor por lo que hacemos. (Por último), tuvimos un concierto, con una recopilación de obras musicales de cine que el maestro Federico Ruiz ha compuesto para las películas… Escuchar esa música es delicioso; sacarla de la película es magistral.

Es inevitable que esta guerra económica toque tremendamente un espacio de disfrute y recreación como lo es el cine; el acceso a este bien cultural cada vez se cierra más… Sin embargo hay alternativas que se están creando. Por ejemplo, hay un buen movimiento de cineclubismo, que en el país está llegando a los rincones más apartados, haciendo un gran trabajo… llevando nuestro cine diverso, de hace 60-70 años, hasta nuestro cine actual, moderno… La Cinemateca Nacional también hace lo propio, para resistir este embate; y desde Amazonia, el CNAC  y la Villa del Cine, tenemos una propuesta que se llama Cine bajo las estrellas, que no es otra cosa que llevar nuestra pantalla a las plazas, a los pueblitos, a los rincones (que están) más apartados de la modernidad de las salas cinematográficas. Esta iniciativa no está alejada de la intención de la revolución, de justamente poder contrarrestar esta realidad de acceso a las salas… Y debemos reconocer en el presidente Maduro al gran hacedor… Nosotros estrenamos Maisanta, una de las últimas películas que nos encargara El Gigante, (pero) la sacamos con las dificultades del caso, porque fue atacada desde el rodaje. Cuando estuvo en cartelera, en varios espacios, cuando alguien iba a ver la película le decían que ya no estaba… Y si les insistían, decían que estaba agotada, o cualquier (otra) excusa…  Ese momento era el momento álgido del ataque. El presidente nos preguntó, (y cuando supo nos) dijo: “… es que allí no debe estar: vamos a la calle, vamos a llevársela a la gente”. (Lo hicimos y entonces), a la primera experiencia, asistieron 1500 personas. A partir de eso se construyó el proyecto (permanente) de Cine bajo las estrellas que ha recorrido ya gran parte del territorio.

Este ataque a nuestro país no va a culminar tan pronto, a pesar de todos los esfuerzos que el gobierno y el pueblo hacen para salir (de él)… Entonces, para 2019 se proyecta un cine hecho con mucha dificultad; pero no va a dejar de hacerse, de existir. Al mismo tiempo, hay que entender que esta generación de relevo, que tomará el testigo y seguirá construyendo el cine, está ávida de encontrarse con el hecho tangible de la realización cinematográfica, y afortunadamente con nuestra infraestructura eso es posible. Si no existiera la plataforma de nuestro cine nacional, éste pudiera desaparecer… También están nuestros cineastas, pues creo -separando el hecho político y el tema de los que nos adversan como proyecto-, que existe la tarea conjunta, de ellos y de nosotros,  de no dejar morir nuestro cine… Lo podemos trasladar a la pachamama, a este pedazo de tierra, a nuestra geografía… En el caso hipotético de un ataque (bélico) nuestro deber es unirnos para defender nuestros derechos. Y, (de hecho),  ya pasó. En 1902, Cipriano Castro logró unir a quienes pensaban distinto en un mismo objetivo; era defender la patria. Eso está reflejado en el cine, en la película La Planta Insolente, dirigida por el maestro Román Chalbaud… y es cíclico; nos encontramos en un escenario muy similar. Tenemos que pensarnos más como venezolanos y no (solamente) como oponentes políticos”.

 

Fuente: Venezuela Estrena

2018-07-12T13:56:29+00:00 julio 12th, 2018|Categorías: Actualidad|